¿Quién Fue Primero, El Macho o la Madre Sobreprotectora?





Como cada año, con la celebración del Día Internacional de la Mujer, en esta ocasión escuchamos y leímos una gran cantidad de opiniones, algunas de las cuales constituyen auténticas denuncias sobre el trabajo excesivo que realizan muchas mujeres al hacerse cargo del cuidado de su hogar y de un puesto de trabajo fuera de él, simultáneamente.arreglo de flores

Todos hemos oído a algunos hombres opinar que las mujeres carecen de inteligencia; uno de ellos me lo “demostró” con el “hecho” de que a las mujeres no se nos forman arrugas horizontales en la frente. También he escuchado a muchas mujeres afirmar que los hombres jamás maduran, que toda su vida son niños necesitados de una madre. 

Recientemente, también se han dejado oír algunas voces que afirman lo contrario: que la inteligencia de las mujeres es superior a la de los hombres, pues podemos hacer varias cosas simultáneamente: hablar a la oficina por teléfono sosteniéndolo con una mano, mientras con la otra manejamos la cuchara sobre la sartén en la cocina, al mismo tiempo que afirmamos o negamos con la cabeza para contestar alguna pregunta sobre la tarea escolar, entre otros ejemplos.

Lo anterior se debe a que en las últimas décadas la mujer, a causa de diversas razones de sobra conocidas, por lo que no es necesario comentarlas aquí, se vio obligada o sencillamente decidió salir a estudiar y trabajar fuera del hogar.

Los neurólogos nos han informado que las actividades consideradas masculinas ejercitan el hemisferio izquierdo del cerebro, y las femeninas, el derecho. La mujer se vuelve más inteligente cuando ejercita el hemisferio izquierdo, es decir, realizando las actividades masculinas. El hombre se vuelve más inteligente cuando ejercita el hemisferio derecho realizando las actividades femeninas.

Operar máquinas, hacer cálculos matemáticos, usar la fuerza física son actividades consideradas hasta hace poco tiempo como específicamente masculinas; en cambio, cuidar a los hijos, al esposo, a los padres y hermanos, cocinar, hacerse cargo del hogar, de la ropa, atender a los miembros de la familia cuando se enferman son algunas de las actividades consideradas como propiamente femeninas.

No es más inteligente el hombre que la mujer ni la mujer es más inteligente que el hombre; se trata de inteligencias diferentes. Para que el hombre esté en condiciones de adquirir la inteligencia femenina y la mujer la masculina, es necesario que ambos analicen y comprendan la diferencia esencial entre las actividades masculinas y las femeninas. Generalmente, las actividades masculinas están orientadas a construir, a resolver problemas; las femeninas, a la entrega de sí misma que hace la mujer hacia los demás, la mayoría de las veces renunciando al descanso, a la diversión, al estudio para superarse, entre otras. Es decir, las actividades femeninas se basan en el amor a los demás; ejercitándose en ellas es como la mujer desarrolla el hemisferio derecho de su cerebro.

Por tanto, para que los hombres ejerciten el hemisferio derecho de su cerebro, no requieren simplemente realizar las actividades consideradas femeninas: cocinar por cocinar, planchar porque no hay una mujer a su lado para hacerlo; lo importante es la entrega de sí mismo que se hace al realizar este tipo de actividades por amor a los otros.

¿Cómo desarrolla la mujer su inteligencia masculina? Lo hace no solamente mediante el trabajo fuera del hogar, en una oficina o en una fábrica; también ejercita el hemisferio izquierdo de su cerebro cuando aprende a utilizar herramientas como el taladro, las llaves para cambiar un cilindro de gas, cuando aprende a jugar ajedrez y lo practica (¿cuántas mujeres juegan ajedrez en comparación con el número de hombres que lo hace?), etcétera.

Los hombres que realmente destacan entre los otros por su inteligencia -y que lo demues-tran en su trabajo y en las demás áreas de su vida- suelen ser aquellos que se levantan a la media noche a preparar un biberón para el bebé y alimentarlo en sus brazos al mismo tiempo que le conceden un descanso a su esposa; son aquellos que cocinan, van al mercado a hacer las compras de la semana, lavan los platos, etcétera, pero no para “ayudar” a su esposa, sino porque comparten el trabajo tanto dentro como fuera del hogar.

¿Quién fue primero, el macho o la madre sobreprotectora? La respuesta es irrelevante; lo que sí es de la mayor importancia es que los niños reciban de sus madres una educación sana, sin sobreprotección, y que los adultos que fueron sobreprotegidos por sus madres cobren conciencia de ello y se esfuercen por crecer, por madurar y dejar de ser niños necesitados de una madre.

Muchas mujeres suelen decir que son conscientes de que serán ellas quienes transformarán la situación cuando eduquen a sus hijos, hombres y mujeres, sin hacer distinciones acerca de las actividades propias de unos y otras. Para que las cosas cambien, es verdad que las madres representan un papel fundamental en la formación de las nuevas generaciones, pero la principal tarea recae sobre cada papá: cuando los niños vean que su papá realiza las tareas que antes hacían solamente las mujeres, perderán el temor a ser calificados por otros como “mujercitas” o “poco hombres” al realizarlas.

Al ocurrir lo anterior, las mujeres serán relevadas del trabajo excesivo que realizan en la actualidad, pero los más beneficiados serán los propios hombres, porque su inteligencia* aumentará al desarrollar su intuición así como su habilidad para comprender a las mujeres; y, como resultado, serán más felices.

Cuando la mujer desarrolla su inteligencia masculina y el hombre desarrolla su inteligencia femenina, ambos descubren que aprecian, valoran y disfrutan más de la inteligencia del otro y, en consecuencia, surgen tanto una mayor comprensión como una exquisita armonía en la pareja y en todo tipo de relaciones.

María Refugio Puente Anguiano
quicut@yahoo.com

21-2-2008



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1 Comentario en ¿Quién Fue Primero, El Macho o la Madre Sobreprotectora?
  1. Guisseppe dice:

    Muchas gracias por el artículo, lo tendré en cuenta, je je je

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