Obelisco
Unas de las estructuras arquitectónicas de gran simbología en el mundo entero, las constituyen los obeliscos. Sus orígenes se remontan a la edad dorada del imperio egipcio. Sus formas eran cuadradas, de manera cónica, y en forma de aguja piramidal en el final de su parte superior y eran estructuras hechas de una sola piedra.
Las características de los obeliscos egipcios, o lo que originaron su realización, fue el dejar testimonio de importantes acontecimientos ocurridos. Por ello, los obeliscos egipcios están cubiertos de jeroglíficos, que conmemoran sucesos o mitológicos. Una vez terminadas estas altas y esbeltas estructuras, eran colocadas en las entradas de los palacios, de los templos y de las plazas públicas. La importancia simbólica que se le dio desde su origen hasta nuestros días a los obeliscos, ha llevado a que proliferen en el mundo entero, significando determinados acontecimientos en cada uno de los lugares donde se encuentran, dependiendo del acontecimiento por cuya conmemoración eterna han sido eregidos. Al estar en la cúspide del imperio romano, los romanos hicieron transportar varios obeliscos egipcios a Roma, lo que hizo propagar y difundir esta modalidad por todo occidente.
En tal sentido, en Europa, se levantaron diversos obeliscos, por lo que al comenzar la presencia de los habitantes del viejo continente en tierra americana, entre todas las enseñanzas y conocimientos que traían, vinieron a enriquecer nuestra cultura, se encontraban los obeliscos.
En este origen de ideas, en el mundo entero se siguieron levantando obeliscos en conmemoración a fechas, acontecimientos, y demás sucesos de especial significación.
En este origen de ideas, en el mundo entero se siguieron levantando obeliscos en conmemoración a fechas, acontecimientos, y demás sucesos de especial significación.
De tal manera, cuando nuestra querida ciudad crepuscular cumple sus cuatrocientos años, Barquisimeto convulsionó revolucionariamente a todo su conglomerado, haciendo que la trascendencia y proyección de esta celebración se extendiera fuera de nuestras fronteras locales, contagiando el entusiasmo de los nativos a casi todos los rincones del territorio nacional.
El gobierno de entonces donde jugaba papel protagónico el General Marcos Evangelista Pérez Jiménez, decreta la celebración de la fecha aniversaria por resolución nacional, el 14 de Septiembre, según propuesta presentada por el Centro de Historia Larense, conjuntamente con la junta Pro-Cuatricentenario y avalada por la Academia Nacional de la Historia.
El plan contempló todo un despliegue de actividades, inauguraciones, nuevas estructuras, discursos, recitales, conferencias y demás hechos, económicos, sociales y culturales.
Por aquellos días los hombres más notables de la ciudad, dieron lo mejor de si en aras de hacer en Barquisimeto una ciudad a la par de las prósperas y desarrolladas que en el mundo existían en esos momentos.
Se levantan una serie de obras de obras e infraestructuras de servicio público que hoy siguen dando atención a la colectividad y que en cincuenta años no han podido ser mejoradas y mucho menos superadas. Fue así que aquel acontecimiento que llenaba las líneas de los diarios nacionales, noticieros y la atención del conglomerado nacional, dejó testimonio de ello.
Así como los egipcios dejaron testimonio de sus grandes acontecimientos históricos o mitológicos, en un Obelisco, nuestro Obelisco. Como los egipcios que los colocaban a la entrada de los palacios, templos y plazas, nuestro obelisco se levantó en la entrada de la ciudad hacia el Oeste y así como los obeliscos egipcios eran elaborados con una sola piedra, el nuestro se construyó en una sola estructura de concreto, armado de 65 metros de altura, constituyendo en esa fecha la obra de este tipo mas alta de Venezuela entera.
Como los egipcios grabaron sus jeroglíficos dejando testimonios escritos de la significación de sus obeliscos, el nuestro, el barquisimetano, luce una enorme placa, que destila su leyenda de significación de esta obra, símbolo de barquisimetaneidad, de ser barquisimetano, es el eje del tiempo que se detuvo para la posterioridad a través de la obra que se encuentra enclavado en el corazón del genuino nativo.




